“He seguido un camino ortogonal a mi profesión”

Eduardo Contreras Villablanca, con grados de Master y Doctor, es un destacado profesor e investigador en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U. de Chile. Se autocalifica de mateo respecto de todo lo que emprende. Pues lo mismo ha hecho con la literatura, donde está haciendo una carrera sólida, tenaz y exigente, sobre todo en la novela y el cuento en su vertiente negra. Pues he armado este intercambio que partió por un cuestionario poco menos que de psicoanalista o de fiscal encarnizado y que Eduardo, con la tranquilidad de un mediocampista de los de antaño, sorteó sin enrollarse, generando respuestas justas y precisas, como quien resuelve una ecuación diferencial. Pues he aquí esta conversación que consolidamos en una grata junta en el bar Hemingway, a la sombra protectora aunque siempre algo irónica del gran Poli Délano.

 

-Siendo ingeniero civil industrial y además ejerciendo tu profesión, sobre todo en la academia, ¿cómo llegaste a la literatura?

-Cuando chico tuve una etapa en la que me dio por escribir cuentos, la verdad es que independientemente de que tuviera unos seis o siete años… Eran francamente malos. Así que ese primer impulso quedó dormido por años. Pero desde antes de eso, ya era un lector voraz, comencé por las historietas y fui pasando a revistas infantiles que mezclaban comic con historias (como Billiken, Cabrochico, y Peneca) y ya desde ahí me largué con los libros, sin parar de leer hasta hoy.

No volví a intentar a escribir textos literarios hasta muchos años después. A poco de titularme de ingeniero, mi primer trabajo profesional fue en ODEPLAN (después MIDEPLAN). Ahí comencé a escribir unos “Bandos”, el nombre era una sátira a los bandos dictatoriales que felizmente acababan de desaparecer. El contenido de los míos era humorístico, chacoteaba con historias y falsas noticias (a veces acompañadas con fotos), en las que los personajes eran amigos y amigas, profesionales y compañeros de oficina. Estos “Bandos” se fotocopiaban y circulaban. Eso ya fue un poco más exitoso, porque más de una vez vi colegas reunidos desternillándose de la risa en torno a alguna historia.

Poco después, cuando estaba cursando mi Maestría en Barcelona, me largué a escribir una novela que no llegó a ninguna parte, pero que me sirvió para ir soltando la mano. Al regreso de España, en el año 1996, entré a trabajar en la Universidad de Chile, en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, y hasta la fecha sigo ahí. Mi vida profesional y académica ha sido muy satisfactoria, es grato estar rodeado de gente que piensa, eso suele escasear en otros ámbitos.

Creo que fueron muy importantes a mi regreso de España, las tertulias con mi amigo Hugo Martínez. Descubrimos que ambos estábamos en el mismo empeño, y nos comenzamos a dar ánimos y a apoyarnos en este camino tan “ortogonal”, por usar un término ingenieril, al de nuestras profesiones.

Lo que resultó decisivo, fue que mi novela policial Don´t Disturb: Crónica de un encuentro en Cartagena de Indias, escrita el año 2002, ganara el Premio de la Municipalidad de Santiago ese mismo año, en la categoría de obras inéditas. Luego esa novela corta pasó a ser mi primer libro publicado.

Desde ese momento, yo diría que “me la creí”, y me dediqué a escribir con más disciplina. Como parte de ese propósito, el año 2007 me incorporé al Taller de Poli Délano.

-¿Cuáles fueron tus lecturas principales, desde la niñez?

-Como te comentaba, al principio mucha historieta (parece que mis primeras lecturas fueron números de Condorito). Más tarde, en la época de la Unidad Popular apareció la colección de libros de bolsillo de la Editorial Quimantú, todavía los conservo. Como sabes, eran puros clásicos cortos, relativamente fáciles de leer. Creo que fue una gran iniciativa que probablemente formó como lectores a muchos de mi generación. Eran baratos y accesibles y hasta se generaba la expectativa de cuándo y con qué vendría el siguiente libro.

Así conocí a grandes escritores como Chejov, Pushkin, Verne, Conrad, H. G. Wells, Dostoyevsky y desde luego los pioneros de la literatura policial: Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, Gilbert K. Chesterton…

Luego en el exilio, tras una parada en Panamá, recalamos con mis padres en Cuba, en una época de gran producción editorial: Ediciones Huracán, Editorial Gente Nueva, Letras Cubanas, Editorial Universitaria y otras. En esa época devoré los típicos textos de la adolescencia: Emilio Salgari, Julio Verne, Walter Scott, Mark Twain…y de paso iba ampliando el abanico policial: mucho más Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, descubro a Ellery Queen, Patrick Quentin (seudónimo de escritores que trabajaron a cuatro y más manos), y muchos otros.

En algún momento, debe haber sido alrededor de los catorce años, me prestaron “Cien años de soledad”, eso produjo todo un vuelco en mis gustos literarios, y por años, ya saliendo de la adolescencia, me concentré en los autores del llamado “boom” latinoamericano: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Augusto Roa Bastos, Alejo Carpentier, Jorge Amado, etc.

-¿Cómo y cuándo llegaste el género negro?

-Yo creo que el “germen negro” inicial probablemente tiene que ver con el cine, y es que en esos años de exilio en Cuba daban montones de películas gringas antiguas, anteriores a la revolución de 1959. Algunas basadas en textos de autores clásicos, como El Halcón Maltés de Hammett. Me gustaron mucho, pero no me quedé pegado leyendo el género, porque esos eran los años en que me obsesioné con el realismo mágico y los autores latinoamericanos.

Pero años más tarde, ya de regreso en Chile, a principios de los noventa, leí a Manuel Vázquez Montalbán, y poquito después a Ramón Díaz Eterovic (o quizás al revés). Sintonicé mucho con Pepe Carvalho y Heredia, por su tono desencantado, el escepticismo y a pesar de eso, su porfía en salir adelante con lo que creen que es correcto, luchando por su propio sistema de valores que no coincide con el sistema de valores hegemónico de la sociedad. Esa sintonía tuvo mucho que ver con mi desencanto en esa época con el devenir de la post-dictadura en nuestro país: el exitismo de los jaguares y la modorra de la transición infinita. La componente de crítica social del género negro, y lo cerca que me llegaban las críticas específicas a las realidades de países conocidos, me marcó. Los leía a ellos dos durante los primeros años de esa década, que son años que pasé entre Chile y España, y lo que leía era como una caja de resonancia, una radiografía de lo que observaba a mí alrededor en ambos países.

Mis motivaciones tuvieron que ver en esa época con mi disconformidad: la transición post dictadura era lenta, y el género negro se prestaba para hacer catarsis.

-¿Tienes autores preferidos del noir, que te han gustado y/o inspirado?

-Agrego autores a los que ya fueron mencionados en la pregunta anterior, y poniéndoles en orden cronológico, los clásicos: Raymond Chandler, George Simenon y Dashiell Hammett.

Años más tarde leí a Manuel Vázquez Montalbán, creo que el primer libro de él que cayó en mis manos fue Los pájaros de Bangkok, y entonces seguí buscando y comencé a leer a nuestro Ramón Díaz Eterovic, luego Rubem Fonseca, Paco Ignacio Taibo II, Osvaldo Soriano, Leonardo Padura. Redescubrí una novela negra de Poli Délano (ya en este siglo publicó dos más). Todas esas lecturas me influyeron. Al punto que mi primera obra publicada, la ya mencionada Don´t Disturb…, termina siendo una novela negra.

Más recientemente, ya después de publicada esa primera novela, me re encanté con el género gracias a la ola de escritores negros suecos: Stieg Larsson, Henning Mankell, Camila Läckberg, Johan Theorin y Arne Dahl

-¿Cuáles consideras que son tus temas preferidos en el género y en general en tu escritura?

-Me gusta que haya un trasfondo fuerte del entorno, de las estructuras de poder, de los vicios del poder y las conductas (y los crímenes) que a veces generan. Todo esto girando en torno a un enigma, un problema a resolver. Por mi propia historia, suele aparecer el tema de la dictadura y sus secuelas, que perduran hasta hoy.

Y comparto con mi maestro Poli, que tienen que estar las motivaciones e inquietudes humanas básicas, por ejemplo el amor. En mis dos novelas publicadas, hay una relación en juego, de una u otra forma hay destinos de parejas que dependen de la solución del enigma.

-La ingeniería, ¿ha influenciado en tu estilo, temas, estructuras, enfoque?

-Creo que mi veta policial, y el género negro, tienen que ver con la ingeniería. Aunque parezca raro, la carrera profesional me ha sido de utilidad, al fin y al cabo se trata de encontrar una solución a un problema, algo para lo que nos entrenan bastante en la Facultad. Creo que eso está presente en el enfoque y a veces en la estructura de mis historias.

La carrera me ha influido menos (prácticamente nada) en los temas sobre los que escribo, y muchísimo menos en el estilo, ahí más bien la ingeniería me ha jugado en contra: las primeras críticas que recibí en el taller, de parte de Poli y de los compañeros y compañeras con más experiencia, eran relativas a mi estilo inicial muy cargado al informe técnico. Desde luego, son lenguajes completamente distintos.

-¿Puedes hacer un repaso de tus libros, desde el inicio, indicando de qué va cada uno?

-A la fecha tengo tres libros publicados:

La novela policial Don´t Disturb: Crónica de un encuentro en Cartagena de Indias fue publicada el año 2005 por Mago Editores que le reeditó el año 2009. En esta novela, un hombre que está en Colombia por viaje de trabajo, conoce a una mujer sensual con la que inicia una noche ardiente, que tiene un violento término a la mañana siguiente, cuando luego de salir de la habitación, descubre al regresar el cadáver de la mujer. Intentando solucionar el asunto sin ir a la cárcel, se encierra con el cuerpo y cuelga en la puerta el cartel de ‘Don’t disturb’. A partir de este hecho, el hombre inicia una investigación para descubrir a los asesinos.

La novela policial Será de madrugada (secuela de Don´t Disturb…) fue publicada por CEIBO editores el año 2015, con muy buena acogida de la crítica. En ella, Antonio Feger, el mismo protagonista de la primera novela, busca resolver el asesinato de un amigo, asesor de la campaña de un candidato a la presidencia de Chile apodado como “el díscolo”. Bajo el título Será de Madrugada, CEIBO publicó esta secuela en conjunto con Don´t Disturb…, es decir, en el mismo libro van las dos novelas hiladas.

El libro Cuentos urgentes para Nueva Extremadura fue publicado por Editorial Espora el año 2016. Son veintisiete historias de temáticas variadas: historias ambientadas en el Chile del siglo XIX, principios del siglo XX, el golpe militar, la resistencia, la violencia de la dictadura y la falta de justicia. Algunos de los relatos se pueden catalogar en la categoría de fantásticos, y desde luego, hay algunos, cómo no, bastante cercanos al género negro,

-¿Te sientes a gusto en el ambiente literario chileno? ¿Crees que te pescan suficientemente?

-Me siento muy a gusto con mis colegas escritores. Mi experiencia ha sido hasta ahora muy distinta al ambiente de celos y competencia que se suele pintar en los medios. He tenido un apoyo fuerte de escritores como Ramón Díaz Eterovic (a quien debo entre otras cosas, el haber sido invitado a todos los Festivales Santiago Negro que se han hecho), Diego Muñoz, Gabriela Aguilera, Francisco Véjar, Antonio Rojas Gómez, y el grupo completo de “escritores negros”, entre ellos desde luego tú Bartolomé, con tus variadas iniciativas para la promoción del género.

También me siento apoyado por Letras de Chile, y por otros grupos de escritores, entre ellos uno que trabaja el género negro: el colectivo Señoritas Imposibles.

Siento que me valoraron desde que di mis primeros pasos, y eso me animó a seguir caminando esta senda. Mención aparte para mi amigo y maestro Poli Délano, que fue el presentador de los tres libros que describí en la pregunta anterior, y a quien le debo tanto por sus enseñanzas, consejos, y sobre todo por el cariño y la fe que depositó en mí.

Y para que hablar de los y las actuales y ex integrantes del taller de Poli Délano, muchos de ellos escritores con muy buenos libros publicados, o cuentos incluidos en antologías. Un grupo de talentos que me honran con su apoyo y amistad.

Esto respecto a los escritores. En lo que respecta a las editoriales, desde luego no creo que me hayan pescado lo suficiente, me refiero específicamente a las grandes. Desconozco la realidad de otros países, pero en el caso chileno el conservadurismo de las grandes casas editoriales, que no apuestan por los nuevos escritores (y ni siquiera mucho por escritores consagrados si estos no se dedican a producir best sellers), empuja a muchos a la autoproducción, el autofinanciamiento y la autoedición, lo que de por sí es sintomático y muestra el “hambre” por decir cosas y publicar libros, en el género negro y en la literatura en general.

Las editoriales más pequeñas y alternativas están jugando un importante rol al compensar en parte esa práctica de exclusión de las grandes editoriales. Aquí debo agradecer a Mago Editores, a CEIBO y a Editorial Espora, que se atrevieron a apostar por mis primeros libros.

-Has ganado algunos premios, nacionales e internacionales. ¿Qué repercusión han tenido en tu carrera literaria?

-Cuando gané el Primer Premio en el concurso de la Municipalidad de Santiago el año 2002, con un jurado presidido por Volodia Teitelboim, pensé que se me abrirían rápidamente las puertas de las editoriales grandes. Craso error.

Luego obtuve otros premios y distinciones y desde luego ningún efecto desde el punto de vista editorial. El pasado año 2017 fue muy triste por la partida Poli en el mes de agosto, y fue muy prolífico en premios: obtuve tres primeros premios en distintos concursos de cuentos (uno de ellos el de Letras de Chile), y mi novela negra Muerte en la campaña, obtuvo el primer premio en el concurso “Fantoches 2017” en Santa Clara, Cuba, en el marco del I Encuentro Latinoamericano de Novela Negra. El jurado estaba integrado por los escritores Raúl Argemí, Fernando López y Lorenzo Lunar. Parece que de alguna forma, desde alguna dimensión mi maestro me siguió ayudando. Y por supuesto, nada de eso me ha servido para llegar a las grandes editoriales.

Pero estos reconocimientos de todas maneras repercuten fuerte, son un aliciente, una inyección de ánimo para perseverar y porfiar en una senda que a veces se hace bastante cuesta arriba. En la medida que los jurados están integrados por escritores reconocidos, el premio se transforma en un espaldarazo, algo así como “oye, los que sí saben de literatura, que son los que escriben, te estamos validando”. Entonces uno dice, bueno, allá los que piensan solo en qué literatura se vende más rápido, habrá que trabajar sin ellos.

-¿Tienes alguna estrategia o boceto de estrategia, para reforzar tu carrera literaria?

-Sí, lo primero es reacomodar mis tiempos para poder dedicarle más a la literatura. En concreto, eso significa dedicarle menos a la ingeniería, eso desde luego tiene un costo en términos económicos, pero creo que cuando a uno ya le van quedando menos años por delante que los que ya quedaron atrás, hay que jugársela por hacer lo que a uno le apasiona, y yo siento cada vez más fuerte el llamado a escribir.

Creo que la muerte de mi querido Poli Délano, y el hecho de que antes de partir me encargara su taller, aceleró ese proceso, me hizo cuestionarme lo que quiero hacer en los próximos años.

También, como parte de mi estrategia, he buscado apoyos para el eterno calvario de abrir puertas en editoriales. Me estoy involucrando más de distintas formas, por ejemplo, participando activamente en los proyectos de Letras de Chile, e impulsando proyectos de antologías de cuentos. Uno de ellos, el libro El taller de Poli Délano, se lanzó el año pasado en la Feria del libro.

-¿Tienes algunos proyectos en marcha?

-Tengo cinco proyectos, de los cuales dos están listos: un nuevo libro de cuentos en busca de editorial, y una nueva novela negra, esta última escrita “a cuatro manos” con mi compañera de vida y de literatura, Cecilia Aravena, que acaba de publicar su primer libro de cuentos, y que también  integra el taller de Poli.

Los otros tres proyectos que estoy llevando en estos momentos en paralelo son: un libro de cuentos relativos a la época de la dictadura, un libro de cuentos negros, y una nueva novela policial que estoy escribiendo contra el tiempo, a ver si alcanzo a enviarla a un concurso que me interesa. En el peor de los casos, el intento me sirve para dejarla encaminada.

Santiago, mayo de 2018

(Fotografía introducción: Cecilia Aravena)

 

Esta entrevista está incluida en el libro Trazas negras. Conversaciones sobre novela policial y negra en Chile editado por Ediciones Plazadeletras.

Disponible a la venta aquí

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