¡Bartolomé Leal al habla!  Blog de novela policial y negra

Tal como se la lanzó en la campaña publicitaria de sus libros, la “detective más sexy” se llama Stephanie Plum y su creadora es la norteamericana Janet Evanovich, poco reconocida por estos lares aunque sumamente popular en su país. Ha sido traducida y algunas de sus aventuras detectivescas se consiguen en Santiago, más adelante doy los datos. Janet Evanovich (seudónimo) no es ninguna advenediza, ya cumplió 70 años, pero como nos suele ocurrir, venimos a descubrirla cuando han pasado sobre dos décadas desde que empezó a escribir su serie de Stephanie Plum, la “cazarrecompensas” (van 21 títulos a la fecha); y una década desde que la tradujeron en España. Pero igual valió la pena, podemos leerla ahora con la distancia que permite asentar la calidad.

 La detective Plum tiene un trabajo entre abnegado y deleznable. Se dedica a perseguir a deudores, sean delincuentes de corbata o ciudadanos decentes que deben importantes cantidades de dinero, reos que transgreden sus libertades bajo fianza, divorciados/as que no cumplen con sus obligaciones judiciales… Algunas de esas búsquedas tienen un trasfondo humanitario, pero otras abarcan ese tipo de mugre que a menudo le toca a la gente común, como el acoso de cobradores encarnizados. Su autora se inició en la literatura escribiendo novelas rosa, tras mucho tiempo sin que la pescaran los editores. Luego que publicó varias, se volcó hacia una mezcla original de novela negra, rosa y comedia, iniciando la serie que comentamos. Según se dice, el éxito se debe a que mantuvo a su público lector y accedió a otro.

 Stephanie Plum narra en primera persona. Se describe a sí misma en la infancia de esta manera: “Yo era la hija que pisaba caca de perro, se sentaba en los chicles y se caía constantemente del techo del garaje intentando volar”. Característico de su estilo es centrar la narración en la heroína y hacer ingresar a personajes de su entorno, sobre todo familiar, una caterva graciosísima: su abuela Mazur que está obsesionada con las armas de fuego, su angelical hermana Valeria, el travesti Sally Sweet, la ex prostituta Lula que por ayudarla la mete en los peores desastres, los policías de pueblo que se divierten burlándose de ella, más dos novios que van y vienen, aportando testosterona o cariño… y más enredos. Todos ellos dan lugar a sabrosos diálogos, por supuesto.

 Entre pillas anda el juego (1998) es su cuarta novela (los títulos originales llevan el número incluido), donde la detective le debe seguir la pista a una camarera ávida de venganza. Qué vida ésta (2002) es su octava novela, donde ayuda en la búsqueda de una madre e hija desaparecidas, acosadas por el ex marido y padre, más el tribunal y la mafia. Ambas se consiguen en Librería Chilena (dos locales, Alameda y Huérfanos), una sobreviviente en Santiago, que vende libros nuevos a precios razonables.

 Lo más interesante de esta serie es que se mete en la vida corriente de las personas, incluida la protagonista. Se halla lejos de remedar modelos trasnochados, digamos los detectives de novela negra a lo Hammett o Chandler; y no sólo porque mezcla los géneros, sino por su agudeza para relevar detalles. Otros títulos se encuentran por aquí y por allá (en las librerías de Internet de todas maneras), como Sobre la pista (1999), la quinta de la serie,y Corazón congelado (2001), la séptima entrega de Stephanie Plum. Los recomiendo sin hesitación, lectura entretenida, divertida y novedosa. 

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