¡Bartolomé Leal al habla! : Blog de novela policial y negra
A causa de modas editoriales, opiniones a menudo ignorantes de críticos poderosos y falta de práctica de lectura en nuestros aficionados, se suele preferir la aparición de ciertos fenómenos, válidos sin duda como la novela negra sueca, a otros procesos riquísimos que han contribuido con mayor relevancia a la gloria del género de nuestros amores. Por eso quiero hacer una vindicación de lo más importante que ha ocurrido en novela negra durante el último tercio del siglo pasado y que sigue renovándose en el actual. Me refiero a la novela negra española. Voy a proponer una selección, con 11 autores de mi predilección personal, quedando otros en la banca por ahora.
Sin contar a los precursores, la novela negra surgió en España durante la década de los 70 con la figura gigantesca de Manuel Vázquez Montalbán (1939-2003). Creador del detective Pepe Carvalho, protagonista de una veintena de novela entre las cuales hay varias imprescindibles: La soledad del manager (1977), Asesinato en el comité central (1981) y El delantero centro fue asesinado al atardecer (1989). La presencia de temas de la mayor actualidad en su país, como la transición política, el deporte y la corrupción, dieron a su autor un lugar inapelable en el corazón de los lectores. No menor es su incursión en la gastronomía, que da particular color a su narrativa.
Dejó retoños este autor, y no puedo sino abrir con dos colosos: Andreu Martín y Juan Madrid. El primero se inició en el cómic y el libro juvenil, lo cual se refleja en su brillante narrativa negra, de prosa limpia y feroz. Prótesis (1980), Crónica negra (relatos, 1983) y Barcelona Connection (1987) están entre mis preferidos, aunque tiene más, es un autor prolífico. Juan Madrid es el creador del detective Toni Romano, con una decena de títulos y la serie Brigada Central, de procedimientos policiales. La tónica de muchas de sus obras es la España profunda, glosando elementos costumbristas. De allí su personaje del inspector Flores, un impar detective gitano. ¿Títulos de las series? Me disculpo, los recomiendo todos.
Una mujer destaca en ese sólido broquel negro. Se llama Alicia Giménez Bartlett. Poco leída por estos pagos es la creadora de la inspectora de policía Petra Delicado. Tres autores constituyen platos fuertes en el gusto de los lectores, la sólida línea media, donde la creatividad manda: Juan Bolea, Lorenzo Silva y Julián Ibáñez. Bolea es gaditano, animador de festivales (“Aragón Negro”). Tiene una detective mujer, Martina de Santo, protagonista de varios libros entre los que descuella La mariposa de obsidiana (2006), un thriller de insoportable horror. Silva ha escrito una serie con los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. Su libro La marca del meridiano, la séptima de la serie, ganó el Premio Planeta 2012. Ibáñez es un autor negro altamente respetado por sus pares, un verdadero autor de culto, de quien recomiendo La miel y el cuchillo (2003).
Ahora los delanteros. Originales, sorpresivos y desequilibrantes, son para mí Javier Abasolo, Alexis Ravelo y Rosa Ribas. Muestran la diversidad del género negro español porque representan ágoras diferentes. Abasolo es vasco; Ravelo canario y reside en las islas; Rosa Ribas es barcelonesa y vive en Alemania. En beneficio del espacio mencionaré sólo algo de cada uno: Nadie es inocente (2000) y La última batalla (2013), que trata del tema espinudo del terrorismo ETA, de Abasolo; La estrategia del pequinés (2013), de Ravelo, merecido premio Hammett 2014, máximo galardón del género en lengua española; y La detective miope (2010), de Rosa Ribas, un libro originalísimo que no dudaría en catalogar de novela negra maestra. Y bueno, el gran goleador, el regalón por excelencia de crítica y público es el también barcelonés Carlos Zanón, poeta, guionista y rockero, autor de media docena de novelas negras, la última Yo fui Johnny Thunders (2014). No la he leído pero está entre mis prioridades.
No se pierdan a estos escritores, les aseguro que son una honra para nuestro idioma, son entretenidos y llaman a pensar sobre nuestra realidad. Por un momento dejemos de leer traducciones, que nuestros críticos palurdos confunden con buena prosa autoral y con eso rinden pleitesía al dios de las ventas y confunden a los lectores en su provecho.
