¡Bartolomé Leal al habla! : Blog de novela policial y negra

 Esta es la historia de una arqueóloga e investigadora francesa que un día decidió dejar la academia, elegir un seudónimo y largarse a escribir novelas policiales, hasta el punto que hoy día en Francia es la cabeza de serie de una generación consagrada de autores; emulando además a sus colegas ingleses, donde las mujeres han sido la primera fila desde hace casi un siglo, cuando doña Agatha Christie empezó a publicar en los años 20 del siglo XX. Para reforzar el símil, Fred Vargas se ha convertido en una superventas entre los aficionados francófonos al género.

 Fred Vargas, un seudónimo masculino que no es casual. En un género dominado por hombres, además anglosajones, doña Frédérique Audoin-Rouzeau, nacida en París en 1957, prefirió romper los esquemas y engañar al mercado, ya que no a los lectores, que la adoran, y la han transformado de alguna manera en la sucesora del gran Georges Simenon, el creador del comisario Maigret. Cabe señalar que eligió su alias literario del personaje “María Vargas”, que Ava Gardner interpreta en la película La condesa descalza, con un Humphrey Bogart que no para de fumar de puro despecho.

 Claro que al revés de Simenon, Fred Vargas ha utilizado varios detectives en su obra. El más recurrente es Jean-Baptiste Adamsberg, protagonista de novelas y cuentos, un personaje un tanto vago y relajado que carece de un método de investigación muy preciso y prefiere confiar en su intuición. Con él es posible recorrer lugares poco convencionales de la ciudad-luz. Contrariamente, Adrien Danglard, otro sabueso frecuente en sus obras, es un hombre metódico y un responsable padre de familia.

 Junto a ellos, por cierto, circulan pololas, amigas y esposas, amén de una galería de ayudantes bastante pintorescos, como el teniente Veyrenc, un tipo que gusta de hablar en verso, el brigadier Estalère, característico por sus ojos saltones siempre demasiado abiertos y considerado en el cuartel como idiota; o Froissy una funcionaria obsesa con la comida y las dietas. Aunque tal vez el más atrayente, que cuando aparece hace la alegría del lector, es Ludwig Kehlweiler, llamado “el alemán” que posee una curiosa base de datos y tiene como mascota un sapo llamado Bufo. 

 Fred Vargas ha publicado una veintena de novelas. Menciono algunas traduciendo sus títulos originales en francés. La primera fue Los juegos del amor y de la muerte (1986), que se sumerge en el mundo del arte contemporáneo. Su tercera obra, Los que van a morir te saludan (1994), publicado tras una larga indiferencia de parte de los editores, también tiene que ver con el mundo del arte, ya que trata del robo de un dibujo de Miguel Ángel. Transcurre en Roma. Destaca también Sin fuego ni lugar (1997), donde el comisario Kehlweiler dirige una investigación tras las huellas de un joven acordeonista débil mental acusado de matar a dos mujeres, y que el detective protege a instancias de Marthe, una antigua prostituta amiga suya y que fue la protectora del niño.

 No puedo dejar de mencionar mi libro predilecto de Fred Vargas, Corre el Sena (2002), un volumen ilustrado de tres relatos, donde protagoniza el comisario Adamsberg, más volado que nunca, apoyado por su siempre sediento asistente Danglard. Una autora imperdible para los devotos y devotas del género policial y negro actual.

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