¡Bartolomé Leal al habla! Blog de novela policial y negra
La novela policial histórica despliega una pequeña aunque rica trayectoria y, por cierto, cuenta con un selecto grupo de seguidores a quienes gusta esa mezcla entre la pesquisa criminal –rasgo fundamental del género– y la ambientación de época, lo cual la mecha de sabores y coloridos. Sin embargo, lo más importante, tratándose de narrativa policial, es la figura del detective. Esos detectives históricos son por lo general personajes que viven apasionada y críticamente su época, y no trepidan en correr riesgos para escarbar en las miasmas culturales y sociales.
Voy a mencionar tres antes de entrar en materia (en futuras entregas nos ocuparemos de ellos): el severo juez Ti de la dinastía Tang en China, siglo VII, recreado en ingeniosas crónicas por el escritor holandés Robert van Gulik; el hermano Cadfael de Ellis Peters y sus pesquisas detectivescas en el siglo XII, en plena Inglaterra medieval; y el escriba Huy creado por el inglés Anton Gill, que se prodiga en tiempos del faraón Akenatón, el reformador religioso de la dinastía XVIII (alrededor de 1350-1330 A.C.). En todos estos ejemplos, la piedra fundamental es el trabajo de investigación del pasado.
Pero ahora permítanme compartir un descubrimiento reciente: la figura del prefecto de policía Eberhard Mock, que en pleno auge del nazismo a mediados de los años 30, se ocupa de delitos con fuerte contenido político en su ciudad alemana de Breslau, ahora Wroclaw en Polonia, como resultado de las repartijas territoriales tras la segunda guerra mundial. Un antihéroe tenebroso el tal Mock… El creador de una serie de novelas con su protagonismo se llama Marek Krajewski, polaco, profesor de latín en esa ciudad. Best-seller incuestionable en su país y en Europa por su calidad y continuidad. Algo se ha traducido al castellano para nuestro solaz.
Sin embargo, un personaje clave de la serie es otro. Un detective más o menos free-lance que ayuda al siniestro Herr Mock en sus investigaciones. Se llama Herbert Anwaldt y representa no digamos una cara humanista, sino al menos asqueada frente a lo que se debe enfrentar. Borrachín, joven y de pasado turbio, es quien recibe el peor trato por parte de la Gestapo y la burocracia nazi, en perpetuo conflicto. Es Anwaldt quien lleva la parte más contundente de la trama en la primera novela de Krajewski con estos personajes, Muerte en Breslau (1999), que trata del asesinato de la hija del poderoso barón Von der Molten; un crimen ritual que se remonta a viejas querellas que provienen del tiempo de las Cruzadas. Lo más entretenido que he leído en años.
También está disponible en castellano la segunda novela de la serie, Fin del mundo en Breslau (2003), donde volvemos a encontrar a Eberhard Mock casi una década antes, en 1927, cuando todavía no era tan poderoso. Ya se respiran los aires de la nueva contienda que se prepara tras el fin de la guerra del 14. La crítica ha afirmado que Marek Krajewski es una suerte de eslabón perdido en aspectos más bien tabú del fin de las guerras mundiales: el sufrimiento de la gente obligada a emigrar tras los acuerdos de las cúpulas para dejar tal o cual ciudad en tal o cual país, sin que a nadie le importe la suerte de las minorías étnicas o lingüísticas. Según informa el editor, hay tres novelas más de esta serie, que los aficionados esperamos puedan estar disponibles en castellano tan pronto sea posible. Lo traducido se halla en algunas librerías de Santiago.
