¡Bartolomé Leal al habla! Blog de novela policial y negra
Aún cuando es cierto que la mayoría de los aficionados busca en una columna como ésta que le recomienden buenas novelas (también películas por cierto), no faltan aquellos que buscan estudios, o sea libros que tratan sobre el género policial y negro propiamente tal. Libros que plantean tesis, evalúan períodos y autores, discuten las bondades de tal o cual enfoque, opinan sobre lo que se produce en diferentes países, en fin, lo que sea relacionado con los crímenes literarios. Vuestro fiel columnista se declara particularmente proclive a esa clase de libros. Habiendo leído bastante narrativa durante más de medio siglo, jura que nunca es tarde para aprender algo nuevo que sazone el pertinaz vicio de la lectura.
Y bueno, en esto funcionan las búsquedas, los datos, las intuiciones propias o de personas queridas. Mi hija Coico descubrió para mí en la red un libro curioso y me lo ofreció de regalo navideño. Su título: “They Died in Vain (Murieron en vano)”. Su tema: una revisión de un centenar de novelas de misterio, pero no las mejores ni las más importantes ni las más conocidas, sino aquellas “ignoradas, menospreciadas y olvidadas” como dice el subtítulo. Lo anterior, por supuesto, al margen de su calidad como productos del género. El tema me preocupa, es ocioso decirlo. No tengo ganas de que a mis propias novelas les ocurra lo mismo cuando yo muera: espero no haber malgastado mi vida escribiendo en vano.
“Murieron en vano” no es una antología de textos sino una selección de ensayos breves, con autoría de diferentes críticos, referidos a libros notables en el dominio anglosajón injustamente ninguneados durante la historia centenaria del género policial, y que los aficionados busquillas no deberían perderse. Por mucho que la mayor parte de ellos no han sido reeditados, han tenido mala prensa, están supuestamente pasados de moda, han sido poco traducidos o lo que sea. Naturalmente, no pertenecen a los más bien escasos autores regalones de las editoriales o las ferias del libro, y muchas de tales obras sólo están disponibles en las librerías de segunda mano o de usados o de viejos como se les llama; o en los mercados de pulgas.
Encuentro mencionadas a autoras que había leído alguna vez, con placer. Linda Barnes, por ejemplo, la creadora de la pelirroja detective y taxista Carlotta Carlyle, la mejor guía que uno puede conseguir de Boston y, lo garantizo, dueña de una prosa ochentera de lujo. Por su parte, la clásica novela de enigma Laura (1943) de Vera Caspary ha sido opacada por la magistral cinta de Otto Preminger con la maravillosa Gene Tierney de protagonista (nadie como ella ha trabajado el erotismo de los sombreros), aunque no así en castellano. Fue seleccionada por Borges y Bioy Casares como el N°7 de su colección “El Séptimo Círculo”. La novela es un notable tour de force literario, ya que juega con el lector al dar la palabra a los diferentes personajes que codician el alma y el cuerpo de la sin par Laura.
Otra dama del crimen que merece más aprecio es señalada en el libro: Liza Cody, inglesa, que creó en los 90 un personaje nada más bizarro, la recaudadora de dinero de sobornos Eva Wylie, por cuenta de los gánsteres bien entendido, y que también las oficia de luchadora con el alias de London Lassassin. Para cagarse de risa, con perdón, en la línea de grandes bromistas del género negro como Donald Westlake y Carl Hiaasen. También graciosa/gracioso es, según el libro, Manning Coles, seudónimo de una pareja de ingleses veteranos de la Primera Guerra Mundial, con libros prescindentes de sexo, horror y seriedad. Relajantes historias de espías. Tengo varias novelas de Manning Coles y no he leído ninguna, por puro prejuicio, lo confieso.
Aparece también entre los olvidados Loren D. Estleman, autor en plena producción, con sus novelas de Detroit, donde por cierto pronostica la muerte de esa ciudad. Lo conocemos porque alguna vez una editorial española ilusa lo tradujo. Se menciona su novela Jitterbug (nombre de un baile de los años 40), donde asoma incluso un decadente Henry Ford como personaje, junto a un asesino en serie de acaparadores durante la última guerra mundial. El comentarista afirma que Estleman es un estilista fino en la línea de la Santísima Trinidad Negra: Hammett, Chandler y Ross Macdonald.
Son muchos más los autores reseñados y pongo apenas unos pocos a modo de referencia: Leslie Ford (de los años 40, competidora de los grandes); Francis Fyfield (alternativa a Ruth Rendell en la novela negra inglesa); Anna Katharine Green (nacida en 1878), autora del primer best-seller de la novela policial, alabada por Wilkie Collins, Conan Doyle, John Dickson Carr y Agatha Christie por boca de Poirot; y Ken Kuhlken que en los 90 escribe una serie inspirada en el cine negro; así en The Loud Adios su detective se ve envuelto por los años 40 en un problema álgido para la época: la migración clandestina de mexicanos hacia Gringolandia a través de la frontera. Y bueno, aparecen además en el libro nombres conocidos de varias décadas del policial, como Donna Leon, Philip MacDonald, Margaret Maron, Marcia Muller, Marco Page, George Pelecanos, Elizabeth Peters, Richard Prather, Derek Raymond, Bill Pronzini, Hillary Waugh… Todos/as con obras vastas y valiosas.
Tal vez sea el destino de muchos autores del género haber escrito joyas que sólo pueden ser descubiertos por lectores osados, y no porque a tal crítico flojo e ignorante se le antoja ensalzarlo, a menudo untado por los editores o libreros. Tal como muchos de esos escandinavos de la escuela “cadáver congelado” promovidos por la mercadotecnia y que no merecen tanto bombo.
El libro “They Died in Vain (Murieron en vano)” fue publicado en 2002 por una editorial de Carmel, Indiana, U.S.A., y para los que se aventuran a leer en inglés contiene bastantes datos de cómo conseguir los libros: direcciones postales, sitios web, correos electrónicos e incluso teléfonos.
