¡Bartolomé Leal al habla! :  Blog de novela policial y negra

 

La capital de Francia, la “ciudad-luz”, es una suerte de toponimia tratándose de novela policial y negra. Allí nació el género, pues fue donde Edgar Allan Poe ambientó su relato fundacional “Los crímenes de la rue Morgue” (1841); y es, por cierto el escenario principal de las novelas del comisario Maigret de Georges Simenon. Sin embargo, hay autores del género que han peinado París de manera sistemática, digamos barrio por barrio. Vamos a ocuparnos de dos: un clásico, el francés Léo Malet (1909-1996); y la actual autora norteamericana Cara Black (nacida en 1951).

Léo Malet es una gloria de la novela negra francesa. Vagabundo, miembro del grupo surrealista, albañil, cantante y lector de folletines, se formó en la calle. Eso lo llevó a crear un personaje, el detective Nestor Burma, un antihéroe disipado y anarquista; y a plantearse el desafío de escribir una novela para cada uno de los 20 arrondissement en que se divide la ciudad. Alcanzó a escribir 15, que dan un panorama de lo que era la vida en los bajos fondos de la ciudad durante los años 50, incluyendo detalles de la vida cotidiana, el transporte, los bares y la arquitectura. En general se le ha traducido mal por las dificultades de recrear la jerga hampona parisina; pero queda su intensa poesía. Hay por allí algunas traducciones: Las ratas de Montsouris (1955), Niebla en el Puente de Tolbiac (1956), ¿Me has visto de cadáver? (1956) y Bulevar del esqueleto (1957).

 

Pues medio siglo después, Cara Black ha retomado de alguna manera el reto de Léo Malet para armar una serie de novelas negras por barrio. Su detective mujer se llama Aimée Léduc, propietaria de una agencia de investigaciones en París donde se dedica a delitos sobre todo informáticos y de seguridad. A tono con los nuevos tiempos, queda claro. Desde 1999 en que inició la serie hasta el 2014 ha publicado 14 novelas con su heroína. Se han traducido, al menos hasta donde conozco, Asesinato en el Marais (1999), Asesinato en Belleville (2000), Asesinato en el Sentier (2002), Asesinato en la Bastilla (2003) y Asesinato en Montmartre (2006). O sea, unos buenos paseos turísticos por lugares paradigmáticos de la bella Lutecia en el marco de animadas pesquisas.

Para Malet París fue la ciudad donde vivió en forma precaria, fracasó, sufrió y triunfó tardíamente. Cara Black reside en San Francisco, California. Por cierto ha confesado que viaja mucho a París para documentarse y sus libros transmiten un conocimiento a veces de primera mano de los modos de ser de los prójimos de un París más actual, incluida la policía, las morgues y los cafés. Mientras el solitario detective Nestor Burma de Léo Malet duerme donde puede, a menudo en cuartos cochambrosos, la Aimée Léduc de Cara Black posee un departamento del siglo XVII en la Isla de Saint-Louis (formada por dos brazos del Sena), uno de los lugares más caros y chic de París. Viste a la moda, asiste a eventos sociales y es dueña de un perro que va a la peluquería. Para visitar París, hoy, esta autora es una ayuda. Malet es la nostalgia.

Léo Malet fue un innovador en la narrativa policial francesa al introducir elementos de la novela negra norteamericana, pero sobre todo por haber incorporado una sensibilidad de época marcada por el folletín primero y el surrealismo después. No sólo vale la pena leerlo sino que es fundamental para conocer la evolución del género negro francés, ese que nos lleva a Jean-Patrick Manchette, Jean-Claude Izzo y Fred Vargas.

 

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