¡Bartolomé Leal al habla!  Blog de novela policial y negra

 Bueno, todos sabemos que el ruso-norteamericano Isaac Asimov (1920-1992) es uno de los maestros consagrados de la ciencia-ficción, autor prolífico que ha hecho las delicias de los aficionados por más de medio siglo, con sobre 500 publicaciones, algo así como una vida sacando un  libro por mes. Asimov sigue siendo leído y venerado, sobre todo por sus narraciones futuristas e interplanetarias, aunque también por sus amenos textos de divulgación científica. Menos conocido es por su obra en el género policial, donde ha dejado varias joyas, en particular en el cuento corto.

Se han traducido al castellano diversas selecciones de los cuentos policiales de Asimov, que más o menos corresponden a las ediciones originales. En todo caso, hay harto para leer y aquí reseño las principales. La más importante es la serie de los Cuentos de los Viudos Negros, de las cuales han salido al menos cinco volúmenes en nuestro idioma. Están unidos por la rutina que siguen los miembros del llamado “Club de los Viudos Negros”, que se reúnen para cenar en un restaurante donde los atiende un camarero llamado Henry, también miembro del club. Cada cena cuenta con un invitado especial, quien expone a sus anfitriones un problema, por lo general criminal, de difícil solución. Los Viudos Negros unen sus capacidades deductivas para resolver el enigma, si bien Henry, el camarero, acostumbra inmiscuirse y salir con alguna propuesta ingeniosa.

Otro libro de Asimov particularmente atrayente, tanto para los aficionados a la ciencia-ficción como al policial, es la recopilación Estoy en Puerto Marte sin Hilda, que se caracteriza porque todos los crímenes son cometidos en relación a situaciones propias de la ciencia-ficción. Asimov se luce aquí mezclando sus conocimientos científicos con sus elucubraciones tecnológicas y su ingenio, todo mechado con el humor que es uno de los fuertes del maestro. La docena de relatos no desmerece de otras grandes colecciones de cuentos cortos de este autor, como esa obra maestra que es Yo, robot. No cabe duda que el experimento de mezcla de géneros le resulta bien a Asimov. No desdeña, por cierto, algunos elementos de picardía sin llegar nunca al erotismo, naturalmente.

Cabe señalar que Asimov se maneja en el estilo más tradicional del relato policial, que es el juego por resolver un enigma. En este plano no abandona una de sus convenciones básicas: no engañar al lector con pruebas falsas o situaciones inverosímiles, lo que sería una tentación tratándose de ciencia-ficción. Así, el autor permite a los lectores que pueden encontrar en el texto las posibilidades de anticipar el desenlace gracias a las pistas y datos que se les suministran, muchos de los cuales tienen que ver con teorías científicas o las características de los mundos interplanetarios donde transcurren los relatos. Por eso el protagonista de la mayor parte de los cuentos es un especialista en OVNIS llamado Wendell Urth, personaje que tiene rasgos en común con los detectives clásicos y algunos atributos especiales. Desde ya no le gusta moverse de su estudio y resuelve los casos como el más conspicuo sabueso de sillón.

Para que nadie se llame a engaño, reproduzco una frase de Asimov respecto de sus cuentos policiales: “Los relatos policíacos actuales están inundados de alcohol, inyectados de droga, adobados con sexo y asados en sadismo, mientras mi detective ideal sigue siendo Hércules Poirot y sus pequeñas células grises”.

 

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