¡Bartolomé Leal al habla! Blog de novela policial y negra
Estimado Carl Hiaasen, junto con saludar su enorme talento y su merecido éxito, le escribo para confesarle que en algún momento decidí dejar de leerlo porque usted, como el escritor de género negro más divertido, valiente e insolente descubierto por mí entre las nuevas camadas, me estaba produciendo una adicción tal que no podía dejar de buscar, como un poseso, un nuevo libro suyo. Lo mejor fue que comencé por su primer libro de alcance masivo, la novela negra Tourist Season (1986), que hasta donde me he podido informar no ha sido traducida. Una lástima.
¿Por qué, se preguntará usted, me gustó tantísimo ese libro? Porque trata una temática controvertida, el turismo; y porque defiende la ecología, en este caso de su tierra natal, Miami, Florida. No sólo caricaturiza con saña a los turistas chantas, sino que además denuncia a las agencias de viajes y a los especuladores inmobiliarios, que de modo insensato están asolando los paraísos naturales; y pone en escena a una delirante banda de terroristas ecológicos. Después encontré, en traducción, Ratón de lengua azul (1991) una sátira feroz y burlesca acerca de los parques temáticos pseudo ecológicos, una peste en ese territorio. Usted toma como pretexto una extraña y letal especie protegida.
Para mi sorpresa y alegría, señor Hiaasen, otras traducciones aparecieron en el mercado: Piel nueva (1989) y Striptease (1993). En la primera les emprende contra el negocio de la cirugía plástica, donde se hallan más médicos venales que en cualquier otra especialidad, y donde Miami se transformó en un paraíso para cuanto carcamal y cuanta veterruga ansía mejorar un poco, a la vista, la ranciedad de su decadente corporeidad. En la segunda se lanza contra los night clubs y el negocio de la prostitución encubierta, de gusto de los políticos, y cuenta la historia de una desnudista que se las machuca para alimentar a su familia.
Buscando información me enteré que usted nació en 1953 y que ha oficiado por años como periodista de investigación y denuncia, que mantiene columnas en los diarios que suelen hacer temblar a los facinerosos de cuello, corbata y grossa cuenta bancaria (cosa que la Wikipedia soslaya y le dedica a usted una biografía sin gusto a nada, lo cual a usted le debe divertir). Sé que en 2014 ha publicado un volumen de columnas, con un título que traduzco literalmente: La danza de los reptiles. Me imagino que sale harto en defensa de los caimanes, las culebras y los lagartos; pero también mechonea a aquellas alimañas que nos dominan desde la banca, los malls y la publicidad. Ojalá se traduzca.
Me gustan sus temas, de una originalidad que muchos se quisieran. Por eso también me encantó ¡Qué fortuna! (1993) que cuenta la historia de una viejuca que se gana el loto y, cuando cobra la plata, un par de malandros adolescentes se la roba, con lo cual la afectada inicia una delirante persecución hasta que los encuentra para vengarse con todo. No puedo dejar de mencionar tampoco uno de sus primeros éxitos, Double Whammy (1987) donde se mete con el negocio de la pesca y esos clubes de fantoches que exhiben su crueldad con los animales en fotos que merecerían ir a un gabinete de horrores. Temas fabulosos los suyos, estimado Carl Hiaasen. Le cuento que en mi país los escritores suelen garrapatear sobre la abuelita, algún loco que se cree Cristo, o lo fascinante que es nadar en pelotas. Reciba mis parabienes, maestro.
