
¡Bartolomé Leal al habla! Blog de novela policial y negra
Una de las cosas gratas de los encuentros como Córdoba Mata,que tuvo su segunda versión en septiembre de 2015, es la chance de reunirnos entre escritores, intercambiar información, charlar libremente, compartir mesas, dar entrevistas y recomendarnos libros unos a otros; amén de de brindar con los buenos mostos locales y de dialogar con los lectores. En esta ocasión fue para mí la oportunidad de reencontrarme con escritores amigos asiduos a estos eventos, que dejan otras actividades seguramente más rentables por el placer de reunirse con sus pares e impares. También pude por cierto conocer a otros colegas de quienes sólo había escuchado hablar y en algunos casos podido leer sus libros. Primeros encuentros en sentido total también los hubo. Si hay algo en común entre los escritores del género negro en Latinoamérica es que batallamos día a día por mantener viva nuestra vocación literaria, a menudo con supremo esfuerzo y desvelo.

Trofeos físicos de estos encuentros son los libros autografiados. Córdoba Mata 2015 me permitió volver al Cubo, mi refugio escritural, con ocho libros dedicados por sus autores. Así se dio el azar, pudieron ser más o menos. Voy a reseñarlos brevemente e indico de entrada que se trata de importantes exponentes del género negro en nuestra lengua, y que había otros colegas muy valiosos en el festival de los cuales esta vez no me traje libros autografiados. En homenaje a ese esfuerzo de personalización, de la renovación o creación del lazo de amistad que eso implica, he optado por referirme a ellos. No ha sido lectura vana, al revés, ha sido un placer meterme en esos libros que reflejan al menos, la amplia variedad de registros que el género negro ofrece. De paso, aumentaron la entropía en mi biblioteca personal ante esta irrupción del azar, para expresarlo en conceptos caros a Guillermo Martínez.
Pues es precisamente de este autor argentino que tuve la oportunidad de hacerme de su novela La muerte lenta de Luciana B. (2007), un libro lleno de ruido y de furia, de un intimismo que turba y donde dos escritores se enfrentan, con todos sus recursos, más allá de la narrativa, a una serie de crímenes que tienen y no tienen explicación, que a ratos parecen regidos por la lógica y a veces por el albur, y en el que intervienen dobles y demonios virtuales, los acompañantes de los escritores y de los personajes. Varios fantasmas literarios observan entre líneas: Borges, Henry James, Casanova… ¡Qué libro! Fascinante, original, insólito. No se puede decir otra cosa. Una gran pieza del género negro argentino ésta de Guillermo Martínez, autor imprescindible.
Negro es también el ambiente, el tema y el afable autor de otra de las joyas que pude sacar autografiadas: La catedral de los negros (2012, edición argentina de 2015) del cubano Marcial Gala. Un escritor que se puede sumar sin complejos a la lista corta de los grandes del policial y negro en Cuba. Marcial Gala ha construido una novela contrapuntística en un gran esfuerzo de artesanía literaria, donde un conjunto de personajes monologa separadamente acerca de su vida y la de los demás, gente del pueblo, gente del delito, en el marco del proyecto delirante y simbólico de una catedral cristiana que se apela la “catedral de los negros”, la reivindicación de un sector marginalizado en la sociedad cubana. Gala no elude mostrarnos el lado oscuro de la vida en su país, es un auténtico artista de la transición.
En un registro completamente diferente se inscribe parte de la obra del versátil, incansable y noble Fernando López, el escritor cordobés líder de los autores negros en su provincia, profusamente premiado y con una obra considerable, que fue nuestro anfitrión. Tuve la oportunidad de venirme con la primera entrega autografiada (de cuatro hasta la fecha) de la serie Philip Lecoq – detective. Falsa Rubia con tacones (2012). Asistimos allí al aprendizaje del joven detective en el oficio, tras un paso por la cárcel, lo que hace leyendo novelas policiales. Parte cambiando de nombre, de Felipe Gallo a Philip Lecoq. Para mi sorpresa, el primer libro que Lecoq lee es Ahumada Blues de Mauro Yberra, que no le sirve demasiado pero lo deja con ganas de más. Parodia, humor, erotismo y guiños a la cultura popular hacen leer este libro con la misma avidez que uno se devora en Córdoba una milanesa, bien aderezada con puré de zapallos.
Con Víctimas, novela y realidad del crimen por Gustavo Forero (editor), deColombia, entramos en un terreno que a mí me atrae casi más que cualquier lectura: los libros de referencia o estudios sobre el género. Se trata de un libro académico del IV Congreso Internacional de Literatura “Medellín Negro” que tuvo lugar en 2014. Una primicia que su gestor tuvo le gentileza de dedicarme. En el libro hay textos de críticos, periodistas y autores con el énfasis puesto en la relación entre el crimen y la sociedad de nuestros países. Destaco los trabajos de Elmer Mendoza (también presente en Córdoba Mata 2015) sobre la literatura negra mexicana y de Amir Valle sobre la cubana.
Seguramente es ocioso presentar a Guillermo Orsi, un tenaz escritor argentino sin duda un puntal del género negro en nuestra región. Tuvo una destacada participación en Córdoba Mata 2015, sobre todo en un coloquio donde se trató del tema de la guerra de las Malvinas. Su novela Segunda vida (2011), calificada por él mismo de western, presenta a un grupo de jóvenes ex combatientes en aquella descabellada aventura bélica de los militares argentinos. Un grupo de muchachos se transforma a su regreso en pelotón delincuencial y emprende, con unos cuantos policías y ex militares corruptos, un delirante atraco que afecta a dirigentes empresariales agricultores, narcotraficantes e indígenas. No se salva nadie en el mundo canallesco que Guillermo Orsi tan bien retrata y diseca. Su prosa cálida y pulida, que maneja con ironía el propio argot que recrea, ubica a su autor entre los grandes de la literatura argentina, sea de género o no.
Una de las gratas sorpresas de Córdoba Mata 2015 fue la asistencia de un autor panameño, Osvaldo Reyes, cuya contundente novela, El efecto Maquiavelo (2011), llamó desde el principio mi atención. Su autor es médico y la trama avanza rica detalles expertos, a veces nada más repugnantes. No hay en su país tradición del género negro, aunque ha sido escenario de libros fundamentales (Graham Greene, Le Carré, Gérard de Villiers); en los hechos Osvaldo Reyes la inicia, para mi alegría en lo personal, ya que residí por allá un tiempo. Disfruté el libro, que es de aquellos que uno “lo siguen al cerrar los ojos”, como lo puso su autor en la dedicatoria. Un escritor que seguramente irá depurando su estilo en entregas futuras, ya que talento y entusiasmo le sobran.
El caso Bonapelch (2014) de Hugo Burel, Uruguay, es lo que se podría llamar una novela negra histórica. En plena crisis financiera durante los años 30, un detective uruguayo que reside en Nueva York y trabaja en una Agencia como la de Hammett, es mandado a su país natal, que apenas conoce, para investigar un crimen de oscuras características. El autor maneja con mano diestra de periodista, que lo es, una trama que nos mete de lleno en una época y una forma idiosincrática de asesinar. Un libro prolijamente investigado, para leer de una sentada larga (tiene sobre 400 páginas), best-seller en su país, merecidamente por cierto. Con Hugo Burel llegó a Córdoba Mata mi apreciado amigo Milton Fornaro, calificado por un presentador guasón como “patriarca de la novela negra uruguaya”.
Dejo para el final un bello libro que no es género negro sino corresponde a una preocupación fundamental en mi literatura: lo etnológico. Más precisamente, la influencia de la religión cristiana en la pulverización de la cultura indígena; y a la vez la nueva cultura que surge, cubierta de llagas, del sincretismo. Se titula Una vaca ya pronto serás (2006, edición cubana de 2009) y su autor es el poeta y narrador argentino Néstor Ponce. Tuvimos muchas y variadas conversaciones (sobre admiraciones comunes: Marechal, Onetti, Guimaraes Rosa), chalupeamos juntos por las calles de Córdoba, saboreamos vinos y platos locales. Néstor Ponce reside en Rennes, Francia, donde ejerce actividades académicas en la literatura y más específicamente el género negro. Su intenso y vibrante, barroco y alucinado libro (dedicado “con las dos manos y el corazón”), acerca de un indio que decide hacerse sacerdote católico y tras diversos avatares reconvertirse en machi, tal como lo cuenta un misionero desconcertado, terminó por arrancarme lágrimas de ésas que rara vez me permito.
Pues hasta aquí mi reporte de los libros autografiados que pude acarrear. Me quedé esperando le oferta de Esteban Llamosas, otro autor de primera fila en la novela negra cordobesa, que me prometió uno de sus libros y al final se esfumó. ¿A qué misterio estaría jugando? Un peligro sulfuroso, ya que él coquetea bastante con lo diabólico en su narrativa… A la próxima será, pues.
Atención a lo siguiente: la ilustración de este artículo, firmada por el dibujante Periotti, está tomada en préstamo de la revista “Humor Docto”, que circulaba gratuitamente en la Feria del Libro de Córdoba 2015. Gracias amigos…
