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¡Bartolomé Leal al habla!  Blog de novela policial y negra

 

 

La muerte anunciada de Henning Mankell a los 67 años, vencido por el cáncer, es una desgracia en la familia. Los que nos consideramos sus pares como escritores de novela negra, guardadas las distancias geográficas y artísticas, lloramos la partida de un gran maestro, un hermano en las letras, un ejemplo de vida. Mankell hizo abiertamente de la escritura una cruzada social, sin aspavientos ni manifiestos; y por ello su partida se lamenta con tanta pena.

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Con su cabal obra, Henning Mankell mostró con calidad y cantidad que si hay algo que el género negro puede aportar en la literatura contemporánea es su carácter de rebeldía, su opción por los desposeídos y los agredidos, su inclaudicable compromiso con las causas que son hoy en día motivo de menosprecio cuando no de boicot por parte del poder del dinero. Cupieron en su literatura los dramas de África, el martirologio de los migrantes, los sufrimientos causados por el SIDA, las hipocresías de los dominantes frente al cambio climático, la herencia de las guerras (como esos monstruosos depósitos de armas nucleares que emporcan el planeta), la crueldad de la discriminación de género, el drama las minorías étnicas y religiosas…

Mankel fue un escritor de éxito, es verdad, y fue la cabeza de serie en una dinámica del mercado literario que ha hecho ganar mucho dinero a los empresarios del rubro. Se le llamó la novela negra sueca primero y la novela negra nórdica después. Enhorabuena. ¿Por qué? Porque Henning Mankell estableció un nivel. Creo un personaje memorable, el inspector Wallander, con algo de Simenon y de Chandler; pero también su obra se puede ver como una decantación de toda la historia del género policial y negro, donde títulos como Los perros de Riga (1992), La falsa pista (1995) y La quinta mujer (1996), por sólo nombrar tres obras maestras de la docena con su personaje, dejaron una vara alta que todos los que practicamos el género no podemos desconocer, a menos que seamos unos chantas que no merecemos formar parte de la familia.

Vale la pena señalar que Mankell ya tenía 43 años cuando inició su serie de Wallander y, como Camilleri y otros grandes maestros, no fue bloqueado por el paso del tiempo. Tampoco renunció a sus demás intereses artísticos: el teatro, la literatura infantil, el ensayo… En 2007 fue galardonado con el Premio Pepe Carvalho, un justo y simbólico homenaje al situar su obra en relación a la de otro indomable narrador del género negro: Manuel Vázquez Montalbán.

 

El creador de las pesquisas de Wallander fue fulminado por el cáncer. Registró el sufrimiento y la angustia del proceso de esperar su propia extinción en un libro que se llamó Arenas movedizas (2014), título que recoge una obsesión de la infancia asociada a la muerte. No dejó de escribir durante ese breve período, mostrando la fuerza de su vocación. Un ejemplo para tantos escritores que cuando se resfrían se encierran a mirar partidos de fútbol por la tele. Allá ellos, pero así nunca podrán ser los creadores tozudos de los que Henning Mankell fue un modelo. Modelo de autores testigos de una época, portadores de las angustias de la gente, de todos, de los virtuosos y de los canallas, que es lo que hace al género negro un enfoque tan válido en estos tiempos de conformismo.

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