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¡Bartolomé Leal al habla!  Blog de novela policial y negra

 

Un tema difícil de manejar en la conversación es aquel de las novelas policiales o negras escritas por autores que no están especializados en el género, aunque han decidido utilizar los formatos o recursos de ese género en algún momento de su carrera escritural. Sus razones personales las podemos dejar a un lado por ahora. Quiero tratar de superar el discurso habitual de que tales ensayos no son sino oportunismo comercial, cuando no una forma de remontar la esterilidad creativa (permanente o temporal). Todo ello para mayor gloria de la cuenta bancaria o bien para asegurarse un buen sitio en los altares imperecederos del arte. Ya que no en la devoción de los aficionados auténticos, calificados de ingenuos, ignorantes, incultos o vulgares por preferir la lectura de relatos policiales, desde que el género adquirió vida propia.

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La pregunta de muchos lectores es: ¿son mejores esas novelas policiales escritas por  grandes autores que las de los “profesionales” del género? Yo opino que no, pero cuesta convencerse y sobre todo convencer a otros/as. Desde Poe en adelante, el inventor del relato policial (sin pretenderlo por supuesto), han sido considerables los escritores importantes que han utilizado los códigos del género. Pues unos académicos gringos de la Universidad de Pennsylvania han elaborado un cuerpo teórico para abordar ese tipo de obras. Repitamos, las obras de autores consagrados y serios que incursionan en un género popular, si se quiere, poco serio.

Por ello han acuñado el concepto de “novela policial metafísica”. Vamos a la definición: “Un relato metafísico de detectives es un texto que parodia o subvierte las convenciones del relato detectivesco tradicional –tales como el cierre narrativo o la identificación del lector con el detective– con el objetivo o al menos la intención, de plantearse preguntas acerca de los misterios del ser y el conocer, los cuales trascienden la mera maquinaria de la trama”. ¿Se entiende? En otras palabras son narraciones auto-reflexivas, que se plantean el propio proceso de composición del texto.

Margaret Atwood ha dicho: “Se pueden jugar juegos con este juego. Se puede decir: el asesino es el escritor, el detective es el lector, la víctima es el libro”. O cualquier otra combinación, agreguemos. Aclaremos también que el apelativo “metafísico” está usado en el sentido que el relato se aparta de la realidad, de lo físico, de los referentes históricos, para centrarse en el proceso creativo, inmaterial como el lenguaje con el cual se expresa la literatura. La pregunta que queda es si autores que han usado el género, como Paul Auster, Vargas Llosa, García Márquez, Eco, Tabucchi, Gombrowicz y otros que iremos nombrando, tuvieron realmente tal propósito superior al pergeñar sus libros.

Pues en el libro que consulto, “Detecting Texts. The Metaphysical Detective Story from Poe to Postmodernism”, 306 páginas, editoras Patricia Merrivale y Susan Elizabeth Sweeney, publicado por Universidad de Pennsylvania, 1999, las editoras justifican preferir la denominación de “metafísica” y pasan revista a otros apelativos para designar estas obras que, digamos, pertenecen al género pero están escritas desde fuera del género. Uno de tales apelativos es “anti-relato detectivesco”, otro “relatos de misterio deconstruidos” y en la misma línea, “relatos de misterio postmodernos”. Finalmente se ha propuesto “novela de detectives post nouveau roman” haciendo referencia a la escuela narrativa francesa de Robbe-Grillet y Cía. También se ha acuñado la denominación “ficción analítica de detectives”, con lo cual se abordan sobre todo los cuentos policiales de Borges y el dúo Borges/Bioy Casares (H. Bustos Domecq), que enfocaron dichos trabajos colaborativos en vena abiertamente paródica.

Los estudios del libro son sin duda interesantes y permiten entender mejor aquellas novelas o cuentos supuestamente del género y que con frecuencia decepcionan al lector aficionado duro. No se trata de obras despreciables (sino a veces apreciables) o insignificantes (más bien insinuantes) desde el punto de vista de nuestro género, aunque sí pueden ser claves en la obra global de sus autores. Podemos entonces valorar mejor la “Trilogía de Nueva York” de Paul Auster,  “Lolita” de Nabokov, “The Buenos Aires Affair” de Manuel Puig, “Respiración artificial” de Piglia, los relatos de Thomas Pynchon, las novelas judiciales de Leonardo Sciascia, “El nombre de la rosa” de Umberto Eco, algunas novelas de Martin Amis y las obras inclasificables de Georges Perec, más otros libros que valen por sí solos pero que también aportan a la narrativa policial y negra al poner al descubierto algunos de sus mecanismos secretos.

Si yo quisiera recomendar una sola novela paródica única, me quedo con “Un detective en Babilonia” de Richard Brautigan, un autor de culto que no sólo imitó al género negro sino también al erótico y el horror, en una trilogía que me parece uno de esos tesoros recónditos que ofrece la literatura para quien se atreve. Julian Barnes, el autor de “El loro de Flaubert”, gran novela de los 80, ha desarrollado una serie de 4 novelas con el seudónimo de Dan Kavanagh, donde vuelca su familiaridad con la cultura popular inglesa, incluido por cierto el fútbol. Otro favorito. En contraste, Isabel Allende haciendo género policial es una decepción, por decir lo menos. Un colega y compatriota, tenaz autor de novela negra, se dedicó a identificar detectivescamente los errores de trama cometidos por la best-seller en una novela publicitada como policial. Sobre la incursión de Vargas Llosa en el género más vale correr un tupido velo, da vergüenza ajena.

Agrego de mi cosecha las divertidas y bien escritas novelas policiales de Gore Vidal con el seudónimo de Edgar Box y sus no menos interesantes obras de ciencia-ficción, que se suman a una atractiva producción en novela histórica sobre todo. Otro que se metió de lleno en el género fue Howard Fast, autor y guionista de éxito, que con el seudónimo de E.V. Cunningham publicó 7 novelas con su héroe el detective Masao Masuto. Hasta el día de hoy los gringos ningunean a Fast porque, aunque judío, era comunista.

 

Interesante al fin este libro que comento, aunque no me convence como lector fanático del género. No creo que haya ninguna novela policial o negra escrita por autores de alto copete, consagrados e incluso Nobelizados, que pueda presumir de haber superado a los especialistas, sean Hammett o Chandler, Simenon o doña Agatha, Conan Doyle o Ellroy, Vázquez Montalbán o Mankell, la Highsmith o Scerbanenco…. Sin embargo el libro de las damas de Pennsylvania aporta. Como decía ese mismo colega escritor, ¡que para algo sirvan los académicos!

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